Una mirada femenina a la amazonia

La Amazonia tiene rostro de mujer... ellas, aÚn a la sombra del esposo, son el pilar de su hogar. Las féminas de la región están comenzando a adquirir independencia económica y esto ha cambiado algunas creencias que se regían por el machismo. La capacitación las está empujando a forjar un futuro diferente

Texto y fotos: Mónica Oblitas
Lucía Canare, ama de casa, oriunda de Asunción de Quiquibey, se casó a los 16 años y tiene 12 hijos: el mayor cumplió 28 y la menor uno. La mujer, que luce orgullosa la camiseta verde de su equipo de fútbol femenino Asunción de Quiquibey, frunce el ceño para recordar, en orden, los nombres de su docena de vástagos. "Se me mezclan en la memoria", sonríe revelando el costo de tantos embarazos: le faltan varios dientes, lo que la hace parecer mayor, algo común en muchas de las señoras de Asunción de Quiquibey y de las comunidades cercanas en el corazón de la Amazonia boliviana.

En Asunción de Quiquibey son contadas las mujeres que dieron a luz en algún centro médico, la mayoría fue atendida por la madre de Lucía, doña Victoria, que a sus 86 años sigue atendiendo partos. "Todos mis hijos los ha recibido mi madre, no he ido a 'Rurre', porque con ella tenemos todo", explica Lucía. Como prueba de su testimonio, una nube de chiquillos de todas las edades alborota constantemente a los adultos que tratan en vano de disciplinarlos... Están sin zapatos, con el cabello desordenado y con el afán común de jugar a la pelota.

Sin embargo, llama la atención las pocas chicas que acompañan al revoltoso grupo. A nuestro alrededor, las niñas y jóvenes están ocupadas cuidando a los hermanitos, lavando la ropa, cocinando, tejiendo… Su trabajo es tan silencioso como importante. Y es que desde muy pequeñas están obligadas a ayudar a la madre en las labores del hogar, así que queda poco tiempo para el juego e incluso para la escuela.

En Asunción de Quiquibey no se tiene un número exacto de cuántas mujeres saben leer y escribir, pero Lucía (que no es una de ellas) admite que son muy pocas. Para la mayoría de las familias lo importante no es que las niñas terminen el colegio, sino que consigan un buen marido. Para ello deben, entre otros requisitos, saber tejer, cocinar, hacer chicha y criar a los hijos. Con ellos se les asegura un matrimonio feliz, siempre que el hombre cumpla con su parte: saber cazar y llevar el sustento a su hogar.

La vida de Lucía es el reflejo de muchas como ella: se levanta cuando todavía es de noche para preparar el desayuno, arregla a sus hijos para que vayan a la escuela, recoge agua, lava la ropa, atiende el sembradío que tiene detrás de su casa, cocina el almuerzo, alimenta a sus chanchos y gallinas... y todavía se da tiempo para ayudar a su marido en la chacra. Después lava los platos, arregla la casa, corta leña, prepara la cena y cuando se da cuenta, ya nuevamente es de noche… ¿Y tiempo para usted doña? ¿Tiene?, le preguntamos. Ella vuelve a reír: "Cuando una se casa ya no tiene tiempo más que para la familia", explica, mientras limpia la nariz de la más pequeña de sus hijas... “¡Yo soy feliz!”.
Estando en el medio de la selva sigue sorprendiendo los sacrificios que las mujeres como ella hacen sin siquiera darse cuenta. No es fácil vivir en una casa precaria, sin agua ni luz y con temperaturas que alcanzan los 40 grados centígrados. Tampoco lo es tener una sola visita anual del médico para vacunar a los niños.

Pero las mujeres, desde niñas, aprenden todo tipo de trucos para curarse y curar a su familia; tienen un remedio natural para cada dolor. Incluso, muchas de ellas, viéndose solas, han aprendido a cazar con arco y flecha, aunque son muy pocas, porque esta actividad es exclusiva de los varones. "¿Machismo?", dice Lucía. "Sí, pero no tanto", se contesta.

"Nuestra plata"
Lidia Aguado, presidenta de la Asociación de Artesanas de Tres Palmas, piensa que sí hay machismo. "Al principio los maridos nos decían que era una pérdida de tiempo trabajar con jipijapa, aunque ahora nos ayudan. Hay veces en que nosotras somos las que llevamos la plata al hogar", cuenta. "Antes todas trabajábamos en las chacras, descuidábamos a los hijos y ahora es diferente con este nuestro trabajo”. Esta mujer vive en la comunidad Nuevos Horizontes. Junto a sus compañeras elabora artesanías de jipijapa. "Nos reunimos porque teníamos una gran necesidad en nuestros hogares, las mujeres acá son valientes y se preocupan por su familia. Al principio fuimos discriminadas, pero las cosas han cambiado".

Entre las señoras de este grupo hay dos que han llegado de La Paz y Potosí, su acento es característico, así como su vestimenta, y arrancan sonrisas de sus compañeras que las tratan con un cariño especial. Una de ellas está en Nuevos Horizontes desde hace 25 años y cuenta que recién, desde que empezó a trabajar en la asociación, conoció a sus vecinas. "Nos ayudamos entre todas; si alguna tiene problemas con su marido, las otras le hablan, también somos amigas", cuenta la potosina María Quispe. Son 22 socias las que integran esta asociación que ha sido impulsada por Conservación Internacional (CI), y todas coinciden en que ahora, que ganan su dinero, se sienten más seguras.

Hay varios proyectos de capacitación para las mujeres en la región, la mayoría con ayuda de organismos extranjeros, tal es el caso de iniciativas relacionadas con las artesanías, los lienzos de jatata y el tejido de esteras, ámbitos en los que son las mujeres de la zona las que desarrollan la actividad e imponen su criterio.

Ada Illanes, de Fundación Transparencia, trabaja desde hace tres años con organizaciones de colonizadoras y oriundas de la Amazonia. Ella explica que desde hace un tiempo su trabajo pone énfasis en el fortalecimiento de organizaciones de producción, como una forma de apoyar la economía familiar y dar mayor independencia a la mujer.

También se fortalecen nuevos liderazgos. Hasta el momento se ha capacitado a 150 mujeres en los municipios de Rurrenabaque, San Buenaventura e Ixiamas. "Se están gestionando proyectos como la construcción de tres Centros de la Mujer en estos municipios. Se tiene un programa sobre seguridad alimentaria y otro de promoción y prevención del cáncer de cuello uterino, que es bastante frecuente. Los proyectos están en etapa de gestión de recursos", explica Illanes. Para ella, la falta de apoyo de las parejas y la poca determinación de algunas señoras son los obstáculos principales que se deben sortear. ¿Es el machismo un obstáculo real para las mujeres en esta zona?, insistimos. "Totalmente", contesta.

"El machismo es muy fuerte. Las mujeres deben pedir permiso a sus maridos semanas antes de los eventos de capacitación, en muchos casos éstos no las dejan ir y en otros las mandan con los hijos, así que ellas deben lidiar con el cuidado de los chicos y con su capacitación. En otras ocasiones hubo mujeres que se escaparon para asistir por lo menos a un día de capacitación, porque saben la importancia de estos eventos y lamentablemente han sido golpeadas. Como ellas me cuentan, también ‘los maridos no entienden’. Trunca la envidia de las otras mujeres hacia las que ya están en camino del liderazgo", explica Illanes.

Ada cuenta que en uno de los talleres, sólo para mujeres, llegaron los maridos para vigilar que sus esposas realmente estuvieran en el curso. "Pero tampoco debemos generalizar, hay hombres valiosos, que las acompañan, cuidan a los niños y las impulsan, porque creen en la superación de sus parejas".

En este sentido, Yerko Núñez, alcalde de Rurrenabaque, asegura que el tema de género es uno de los principales de su gestión, pero que se tiene que luchar contra creencias fuertemente enraizadas. "Años atrás, en el oriente boliviano se pensaba que la mujer tenía que quedarse en la casa y que el hombre era el que tenía que salir a trabajar, pero eso se está revirtiendo con el tiempo y se está avanzando", explica el alcalde. "Nosotros creemos que no puede haber desarrollo sin la inclusión de las mujeres, así que tenemos una mesa-taller en la Planificación Operativa Anual (POA), donde solamente participan las mujeres. Ellas son quienes priorizan los proyectos de infraestructura así como los que fortalecen a los sectores. Desde el gobierno municipal se apoya a los clubes de madres, que tienen un presupuesto en la POA. Muchas han decidido trabajar en la costura, en capacitación, elaboran el pan casero y lo venden, etc. Hay diferentes actividades en las que se promueve la producción y están aprendiendo algo".

Según Abel Castillo, encargado del programa de pueblos indígenas y áreas protegidas de CI,"el tema es cultural, de organización; son hombres los que asumen la dirigencia y se relacionan con el mundo externo o urbano. Las mujeres dominan el quehacer local, tienen personalidad y su relación con el hombre es bastante equilibrada".

Castillo asevera que no es frecuente encontrar rostros femeninos en algún puesto de poder, porque están dedicadas a los trabajos domésticos y de apoyo en las labores del campo. "Se sabe poco de los problemas intrafamiliares. El hombre es muy querendón de los hijos y los cuida cuando la mujer está trabajando. Las limitantes están en su organización (nueva a la vista de lo urbano, sindical-campesino, colono y político) y en relación con el mundo externo, el idioma y el recelo". Aunque son pocas, ya hay algunas dirigentes como Santusa Callizaya, Berta Cubo o María Eugenia Puna.

Las mujeres de esta región ya saben que son fuertes y que su ejemplo se reproducirá en cada una de sus hijas. Por eso, Lucía Canare juega fútbol con las suyas, unas simpáticas adolescentes que se enfrentan sin complejos a sus rivales varones… aunque al final del partido tengan que prepararles la cena.

Ellas en datos
- Según el PNUD, las mujeres en Bolivia ganan casi la mitad de lo que perciben los hombres.
- En el Mapa de Pobreza, casi un cuarto de los hogares bolivianos está encabezado por mujeres, con poca diferencia entre áreas urbanas y rurales. De acuerdo con el Censo Nacional de 1992, el 57% de las mujeres entre 30 y 59 años son jefas de hogar.
- En 1992, las mujeres componían el 39% de la fuerza laboral rural. Las féminas en edad reproductiva ideal (20 a 29 años) tenían tasas altas de participación en la fuerza laboral, entre 50 y 60%.
- Las mujeres emplean 7,7 horas diarias en actividades productivas; 8,4 horas en actividades reproductivas y 0,2 horas en trabajo comunal, implicando una jornada de trabajo de 16,3 horas diarias, lo que excede en mucho la jornada de los hombres.
- Analfabetismo: hombres, (11,8%) y mujeres (27,7%). En algunos grupos étnicos, ellas alcanzan el 70% de analfabetismo.
- Relación de alcaldes y alcaldesas: 13% mujeres y 87% hombres. En las listas de autoridades municipales, el número de mujeres que aparece como suplente llega al 69,52%. De un total de 252 concejalas, el 9,12% llegó a ser alcaldesa.
(Fuente: OPS)
http://www.eldeber.com.bo/extra/2008-09-07/nota.php?id=080907225248